
Desde el 2 de agosto de 2026 se aplican en la Unión Europea algunas obligaciones de transparencia del Reglamento de IA. La norma contempla situaciones concretas, como avisar cuando hablamos con un sistema de IA e identificar ciertos contenidos manipulados que parecen reales. También incluye determinados textos de interés público generados con IA, con excepciones cuando hay revisión humana o control editorial y responsabilidad sobre la publicación.[1][2]
Me parece importante que la transparencia se concrete en situaciones que pueden afectar a lo que vemos y a cómo lo interpretamos. Si una imagen parece real o una respuesta suena segura, saber que intervino la IA puede ayudarnos a ponerla en contexto.
Una etiqueta, aun así, me deja preguntas. ¿El contenido es correcto? ¿Quién responde si hay un error? ¿Qué criterios siguió el sistema? Además, el aviso puede pasar desapercibido si está escondido o escrito de forma confusa.
Sin saber que una IA ha intervenido, nos falta una pieza para valorar lo que tenemos delante. Me pregunto qué esperamos que nos cuenten las empresas cuando usan estas herramientas en su comunicación. ¿Basta con avisar? ¿O también necesitamos saber qué ha revisado una persona?
Eugénie Morant Vermeersch
